Tras nueve meses al frente del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, el ahora exministro decidió retirar la Acción de Amparo Constitucional que había presentado contra el procedimiento mediante el cual fue censurado, y posteriormente optó por cerrar esta etapa de su gestión poniendo por delante la estabilidad del país y la continuidad de las políticas impulsadas por el Gobierno.
En su carta de renuncia, explicó que la acción constitucional no respondía a un interés personal por conservar el cargo, sino a su convicción de que debían respetarse la Constitución, la legalidad y las garantías institucionales. Sin embargo, sostuvo que Bolivia atraviesa un momento en el que el Gobierno necesita concentrar todos sus esfuerzos en atender los problemas de la población y avanzar en las transformaciones iniciadas.
“Los cargos son circunstanciales; los principios y las instituciones deben permanecer”, señaló, al explicar su decisión de retirar el recurso.
El exministro destacó además los resultados y desafíos asumidos durante los nueve meses de gestión, periodo en el que, según su evaluación, recibió una economía “profundamente desordenada” y con importantes dificultades.
Entre las principales tareas desarrolladas durante su administración mencionó el trabajo destinado a recuperar la disciplina fiscal, ordenar el mercado cambiario, reconstruir la confianza internacional y reducir el riesgo país. También destacó los avances para alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la presentación ante la Asamblea Legislativa de una Ley de Inversiones orientada a establecer una ruta de crecimiento de largo plazo.
La autoridad saliente reconoció que todavía quedan importantes desafíos por resolver, pero afirmó que deja el cargo con la tranquilidad de haber asumido las decisiones con responsabilidad y de haber trabajado junto a un equipo con el objetivo de defender los intereses nacionales.
En un mensaje de respaldo al presidente Rodrigo Paz Pereira, agradeció la confianza depositada en él para conducir la política económica del país y recordó los meses de trabajo conjunto frente a decisiones complejas.
Su salida, según dejó establecido en su carta, no representa un distanciamiento del proyecto gubernamental. Por el contrario, expresó su deseo de que al Gobierno le vaya bien, bajo la premisa de que el éxito de la administración nacional representa también una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de los bolivianos.
“Si al Gobierno le va bien, le irá bien a Bolivia”, afirmó.
El exministro cerró su gestión reivindicando la responsabilidad, la convicción y el compromiso con el país como principios que deben guiar las decisiones públicas, dejando claro que su permanencia en el cargo nunca estuvo por encima de su compromiso con Bolivia.
Con su renuncia, concluye una etapa marcada por decisiones económicas complejas y por el desafío de encaminar una economía que, según su diagnóstico, requería medidas de ordenamiento, recuperación de confianza y construcción de condiciones para el crecimiento futuro.
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